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  <title>filicantro</title>
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  <pubDate>Wed, 16 Apr 2008 06:33:13 -0300</pubDate>
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   <title>hola</title>
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    &lt;h2&gt;Cada loco con su tema. &lt;/h2&gt;&lt;h4&gt;Emociones y Opiniones. El rojo al contrario del blanco denota ira, furia y emociones, . Cuando nos ponemos el sombrero rojo podemos expresar nuestro sentir por algo, sin que haya la necesidad de dar explicaciones para ello. Siempre hemos cre&amp;iacute;do que en una discusi&amp;oacute;n debemos ser objetivos pues las emociones no nos permiten pensar bien. Pero tenemos una pregunta, qu&amp;eacute; ocurre si una persona que tiene una amplia experiencia (de muchos a&amp;ntilde;os), recibe una idea y quiere expresar su sentir que transmite toda su experiencia aunque no puede describir objetivamente el por qu&amp;eacute; de ese sentir. &amp;iquest;Se debe desestimar esta opini&amp;oacute;n?.........No, porque de lo contrario estamos perdiendo un valioso aporte de la experiencia de muchas personas. Todas las pasiones atraviesan una etapa en que son pura fatalidad, abismando a su v&amp;iacute;ctima por el peso de la insensatez, y por otra, muy posterior, en que se desposan con el esp&amp;iacute;ritu, se &amp;ldquo;espiritualizan&amp;rdquo;. En tiempos pasados, a causa de la insensatez inherente a la pasi&amp;oacute;n, se hizo la guerra a la misma trabajando por su destrucci&amp;oacute;n; todos los antiguos monstruos de la moral coincid&amp;iacute;an en exigir: &amp;ldquo;hay que acabar con, las pasiones&amp;rdquo;. La f&amp;oacute;rmula m&amp;aacute;s c&amp;eacute;lebre al respecto est&amp;aacute; en el Nuevo Testamento, en ese Serm&amp;oacute;n de la Monta&amp;ntilde;a, donde, dicho sea de paso, nada se contempla desde lo alto. All&amp;iacute; se dice, por ejemplo, con respecto a la sexualidad: &amp;ldquo;Si te fastidia tu ojo, s&amp;aacute;calo.&amp;rdquo; Por fortuna, ning&amp;uacute;n cristiano cumple tal precepto. Destruir las pasiones y los apetitos nada m&amp;aacute;s que para prevenir su insensatez y las consecuencias desagradables de su insensatez se nos antoja hoy, a su vez, una mera forma aguda de la insensatez. Ya no admiramos a los dentistas, que extraen los dientes para que no duelan m&amp;aacute;s... Ahora bien, admitamos en honor a la verdad que en el clima en que naci&amp;oacute; el cristianismo ni pod&amp;iacute;a concebirse el concepto &amp;ldquo;espiritualizaci&amp;oacute;n de la pasi&amp;oacute;n&amp;rdquo;. Sabido es que la Iglesia primitiva luch&amp;oacute; contra los &amp;ldquo;inteligentes&amp;rdquo; en favor de los pobres de esp&amp;iacute;ritu; &amp;iquest;c&amp;oacute;mo iba a librar a la pasi&amp;oacute;n una guerra inteligente? Combate la Iglesia la pasi&amp;oacute;n apelando a la extirpaci&amp;oacute;n de todo sentido; su pr&amp;aacute;ctica, su &amp;ldquo;cura&amp;rdquo;, es la castraci&amp;oacute;n. Jam&amp;aacute;s pregunta: &amp;ldquo;&amp;iquest;C&amp;oacute;mo se hace para espiritualizar, embellecer, divinizar un apetito?&amp;rdquo; En todos los tiempos ha hecho recaer el acento de la disciplina recomendando la exterminaci&amp;oacute;n de la sensualidad, el orgullo, el af&amp;aacute;n de dominar, la codicia y la sed de venganza. Mas atacar por la base las pasiones significa atacar por la base la vida misma; la pr&amp;aacute;ctica de la Iglesia es antivital... Al mismo recurso, el de la castraci&amp;oacute;n, exterminaci&amp;oacute;n, apelan instintivamente, en la lucha contra tal apetito, aquellos que son demasiado d&amp;eacute;biles de voluntad, demasiado degenerados para refrenarlo; aquellos que aleg&amp;oacute;ricamente (y no aleg&amp;oacute;ricamente) necesitan hablar de la Trappe, alguna categ&amp;oacute;rica declaraci&amp;oacute;n de guerra, un divorcio establecido entre ellos y tal pasi&amp;oacute;n. S&amp;oacute;lo los degenerados tienen necesidad de remedios radicales: la debilidad de la voluntad, m&amp;aacute;s exactamente, la incapacidad para no responder a un est&amp;iacute;mulo, no es sino una forma distinta de la degeneraci&amp;oacute;n. La enemistad radical, mortal hacia la sensualidad, es un s&amp;iacute;ntoma que da mucho que pensar; permite sacar conclusiones respecto al estado total de la persona que llega a tal extremo. Por lo dem&amp;aacute;s, esa enemistad, ese odio, s&amp;oacute;lo se exacerba a tal punto si tales personas ni siquiera., tienen ya energ&amp;iacute;as suficientes para efectuar la cura radical, expulsar su &amp;ldquo;demonio&amp;rdquo;. Pasando revista a toda la historia de los sacerdotes y fil&amp;oacute;sofos, aparte la de los artistas, se comprueba que las diatribas m&amp;aacute;s violentas contra los sentidos parten no de los impotentes, ni tampoco de los ascetas, sino de los ascetas fallidos, de aquellos que debieron ser ascetas... El hombre superior, s&amp;eacute;ame permitido consignarlo, no es amigo de la &amp;ldquo;profesi&amp;oacute;n&amp;rdquo;, porque tiene conciencia de su vocaci&amp;oacute;n... &amp;Eacute;l tiene tiempo, se toma todo el tiempo; no le interesa estar &amp;ldquo;listo&amp;rdquo;; a los treinta a&amp;ntilde;os se es, en el sentido de elevada cultura, un principiante, un ni&amp;ntilde;o. Nuestros colegios colmados y nuestros profesores de ense&amp;ntilde;anza secundaria abrumados de trabajo y entontecidos son un esc&amp;aacute;ndalo; para defender tales estados de cosas, como lo hicieron el otro d&amp;iacute;a los profesores de Heidelberg, existen tal vez causas, pero no ciertamente razones. Para no desmentir mi modo de ser, que es afirmativo y que s&amp;oacute;lo en forma mediata, involuntaria, tiene que ver con la objeci&amp;oacute;n y la cr&amp;iacute;tica, consigno a rengl&amp;oacute;n seguido las tres tareas para las cuales son menester educadores. Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar y hay que aprender a hablar y a escribir; todo esto con miras a adquirir una cultura aristocr&amp;aacute;tica. Aprender a ver, habituar la vista a la calma, la paciencia, la espera serena; demorar el juicio, aprender a enfocar desde todos lados y abarcar el caso particular. He aqu&amp;iacute; el adiestramiento preliminar primordial para la espiritualidad; no reaccionar instant&amp;aacute;neamente a los est&amp;iacute;mulos, sino llegar a dominar los instintos inhibitorios, aisladores. Aprender a ver, como yo lo entiendo, es casi lo que el lenguaje no filos&amp;oacute;fico llama la voluntad fuerte; lo esencial de &amp;eacute;sta es precisamente no &amp;ldquo;querer&amp;rdquo;, ser capaz de suspender la decisi&amp;oacute;n. Toda falta de espiritualidad, toda vulgaridad obedece a la incapacidad para resistir a los est&amp;iacute;mulos, que fuerza al individuo a reaccionar y seguir cualquier impulso. En muchos casos, esta incapacidad supone morbosidad, decadencia, s&amp;iacute;ntoma de agotamiento; casi todo lo que la groser&amp;iacute;a poco filos&amp;oacute;fica designa con el nombre de &amp;ldquo;vicio&amp;rdquo;, se reduce a esa incapacidad fisiol&amp;oacute;gica para no reaccionar. Una aplicaci&amp;oacute;n pr&amp;aacute;ctica de este aprendizaje de la vista es la siguiente: en todo aprender el individuo se vuelve lento, receloso y recalcitrante. Lo extra&amp;ntilde;o, lo nuevo, de cualquier &amp;iacute;ndole que sea, lo deja por lo pronto acercarse a &amp;eacute;l con una calma hostil, retirando la mano. El estar con todas las puertas abiertas, la postraci&amp;oacute;n servil ante cualquier peque&amp;ntilde;o hecho, el sentirse dispuesto en todo momento a meterse, precipitarse sobre el pr&amp;oacute;jimo y lo ajeno; en una palabra, la famosa &amp;ldquo;objetividad&amp;rdquo; moderna es mal gusto, lo antiaristocr&amp;aacute;tico por excelencia. Aprender a pensar: se ha perdido la noci&amp;oacute;n de esto en nuestros establecimientos de ense&amp;ntilde;anza. Hasta en las Universidades, incluso entre los estudiosos propiamente dichos de la filosof&amp;iacute;a, la l&amp;oacute;gica empieza a extinguirse como teor&amp;iacute;a, como pr&amp;aacute;ctica, como oficio. Leyendo libros alemanes, ya no se descubre en ellos el m&amp;aacute;s remoto recuerdo de que el pensamiento requiere una t&amp;eacute;cnica, un plan did&amp;aacute;ctico, una voluntad de maestr&amp;iacute;a; que hay que aprender a pensar como hay que aprender a bailar, concibiendo el pensamiento como danza... &amp;iquest;D&amp;oacute;nde est&amp;aacute; el alem&amp;aacute;n que conozca todav&amp;iacute;a por experiencia ese estremecimiento sutil que los pies ligeros en lo espiritual irradian a todos los m&amp;uacute;sculos? La r&amp;iacute;gida torpeza del adem&amp;aacute;n espiritual, la manera desma&amp;ntilde;ada de asir, son tan alemanas, que en el exterior suele consider&amp;aacute;rselas lo alem&amp;aacute;n. El alem&amp;aacute;n no tiene el sentido del matiz... El que los alemanes hayan siquiera aguantado a sus fil&amp;oacute;sofos, sobre todo al eximio Kant, el lisiado m&amp;aacute;s contrahecho que se ha dado jam&amp;aacute;s en el reino de los conceptos, dice demasiado de la gracia alemana. Sabido es que la danza, en todo sentido, est&amp;aacute; inseparablemente ligada a la educaci&amp;oacute;n aristocr&amp;aacute;tica. Si hay que saber bailar con los pies, con los conceptos, con las palabras: &amp;iquest;es necesario agregar que hay que saber bailar tambi&amp;eacute;n con la pluma, que hay que aprender a escribir? Mas llegado este punto es posible que yo me convierta en un completo enigma para los lectores alemanes... A los griegos no les debo en absoluto impresiones fuertes similares, y para decirlo sin ambajes, no pueden ser para nosotros lo que son para nosotros los romanos. No se aprende de los griegos; su modo de ser es demasiado extra&amp;ntilde;o, tambi&amp;eacute;n demasiado fluido, como para presentarse como imperativo, &amp;ldquo;clasicismo&amp;rdquo;. &amp;iexcl;Qui&amp;eacute;n ha aprendido jam&amp;aacute;s a escribir de un autor griego! &amp;iexcl;Qui&amp;eacute;n lo ha aprendido jam&amp;aacute;s sin los romanos! ... No se recurra a Plat&amp;oacute;n en contra de mi aserto. Considero a Plat&amp;oacute;n con profundo escepticismo y nunca he sido capaz de compartir la admiraci&amp;oacute;n por el artista Plat&amp;oacute;n, tan generalizada entre los eruditos. En &amp;uacute;ltima instancia, los m&amp;aacute;s refinados jueces del gusto de la antig&amp;uuml;edad mismas est&amp;aacute;n de mi parte en esta cuesti&amp;oacute;n. Entiendo que Plat&amp;oacute;n mezcla todas las formas del estilo; es as&amp;iacute; un primer d&amp;eacute;cadent del estilo. Tiene sobre la conciencia algo parecido a lo que tienen los c&amp;iacute;nicos, que inventaron la satura Menippea. El di&amp;aacute;logo plat&amp;oacute;nico, esta forma terriblemente vanidosa e infantil de la dial&amp;eacute;ctica, s&amp;oacute;lo puede encantar a quien nunca ha le&amp;iacute;do a buenos autores franceses, como Fontenelle. Plat&amp;oacute;n es aburrido. En &amp;uacute;ltimo an&amp;aacute;lisis, mi recelo hacia Plat&amp;oacute;n tiene ra&amp;iacute;ces profundas. Lo encuentro tan desviado de todos los instintos fundamentales de los helenos, tan moralizado, tan preexistente-cristiano, ya el concepto del &amp;ldquo;bien&amp;rdquo; es su concepto supremo, que ante todo el fen&amp;oacute;meno &amp;ldquo;Plat&amp;oacute;n&amp;rdquo; me inclino por emplear el t&amp;eacute;rmino duro &amp;ldquo;embuste superior&amp;rdquo; o, si se prefiere, &amp;ldquo;idealismo&amp;rdquo;. Se ha pagado muy caro el que este ateniense buscara inspiraci&amp;oacute;n en los egipcios (&amp;iquest;o en los jud&amp;iacute;os residentes en Egipto?...). Dentro de la gran fatalidad del cristianismo, Plat&amp;oacute;n es esa ambig&amp;uuml;edad y seducci&amp;oacute;n llamada &amp;ldquo;ideal&amp;rdquo; que permiti&amp;oacute; a los esp&amp;iacute;ritus nobles de la antig&amp;uuml;edad entenderse mal a s&amp;iacute; mismos y cruzar el puente que conduc&amp;iacute;a a la &amp;ldquo;cruz&amp;rdquo;... &amp;iexcl; Y cu&amp;aacute;nto Plat&amp;oacute;n hay todav&amp;iacute;a en el concepto &amp;ldquo;Iglesia&amp;rdquo;, en la estructura, el sistema y la pr&amp;aacute;ctica de la Iglesia! Mi solaz y preferencia, mi remedio contra todo platonismo, ha sido en todo tiempo Tuc&amp;iacute;dides. &amp;Eacute;ste, y acaso el Pr&amp;iacute;ncipe de Maquiavelo, me son particularmente afines por la determinaci&amp;oacute;n incondicional de no enga&amp;ntilde;arse a s&amp;iacute; mismos y ver la raz&amp;oacute;n en la realidad, no en la &amp;ldquo;raz&amp;oacute;n&amp;rdquo; y menos en la &amp;ldquo;moral&amp;rdquo;... De la deplorable idealizaci&amp;oacute;n de los griegos que el joven instruido en las humanidades cl&amp;aacute;sicas se lleva a la vida, como fruto del adiestramiento a que se someti&amp;oacute; en el colegio, nada cura tan radicalmente como Tuc&amp;iacute;dides. Hay que saborearlo l&amp;iacute;nea por l&amp;iacute;nea y leer sus pensamientos secretos tan distintamente como sus palabras. Pocos pensadores hay tan pr&amp;oacute;digos en pensamientos secretos. En &amp;eacute;l halla su expresi&amp;oacute;n cabal la cultura de los sofistas, vale decir, la cultura de los realistas: ese movimiento inestimable en medio del embuste moralista e idealista que empezaban a difundir a la saz&amp;oacute;n las escuelas socr&amp;aacute;ticas. La filosof&amp;iacute;a griega, como la d&amp;eacute;cadence, del instinto griego; Tuc&amp;iacute;dides, como la gran suma, la &amp;uacute;ltima revelaci&amp;oacute;n de esa facticidad recia, severa y dura que caracterizaba el instinto de los helenos de los primeros tiempos. En definitiva, es la valent&amp;iacute;a ante la realidad la que diferencia a hombres como Tuc&amp;iacute;dides y Plat&amp;oacute;n; Plat&amp;oacute;n es un cobarde ante la realidad, por ende se refugia en el ideal. Tuc&amp;iacute;dides es due&amp;ntilde;o de s&amp;iacute; mismo, por lo mismo due&amp;ntilde;o tambi&amp;eacute;n de las cosas... Barruntar en los griegos &amp;ldquo;almas sublimes&amp;rdquo;, &amp;ldquo;justos medios&amp;rdquo; y otras perfecciones; admirar en ellos acaso la serenidad en la grandeza, la mentalidad idealista y la sublime ingenuidad... Contra esta &amp;ldquo;sublime ingenuidad&amp;rdquo;, que en definitiva es una niaiserie allemande, me ha prevenido el sic&amp;oacute;logo que yo llevo dentro. Vi su instinto m&amp;aacute;s poderoso, la voluntad de poder; los vi estremecerse bajo el embate arrollador de este impulso; vi todas sus instituciones surgir de medidas preventivas, con miras a ponerse en la convivencia a buen recaudo de la dinamita de que estaban cargados. La tremenda tensi&amp;oacute;n interior se descargaba entonces en terrible y despiadada enemistad hacia fuera; las ciudades se despedazaban unas con otras, para que en cada una de ellas los vecinos convivieran en paz. Era necesario ser fuerte, pues el peligro acechaba cerca, en todas partes. La magn&amp;iacute;fica agilidad f&amp;iacute;sica, el realismo intr&amp;eacute;pido y la inmoralidad audaz propios del heleno eran apremio, no &amp;ldquo;naturaleza&amp;rdquo;. Estos rasgos se desarrollaron, no se dieron desde un principio. Y con las fiestas y las artes tampoco se persegu&amp;iacute;a otro prop&amp;oacute;sito que el de sentirse arriba y mostrarse arriba; se trataba de medios de glorificarse a s&amp;iacute; mismos, eventualmente de atemorizar... &amp;iexcl;Qu&amp;eacute; estupidez la de juzgar a los griegos al modo alem&amp;aacute;n por sus fil&amp;oacute;sofos, de tomar acaso la estrechez y gazmo&amp;ntilde;er&amp;iacute;a de las escuelas socr&amp;aacute;ticas como revelaci&amp;oacute;n de la esencia helena! ... &amp;iexcl;Si los fil&amp;oacute;sofos son los d&amp;eacute;cadents del helenismo, el contramovimiento dirigido contra el antiguo gusto aristocr&amp;aacute;tico (contra el instinto agonal, contra la polis, centra el valor de la raza, contra la autoridad de las &amp;ldquo;&amp;#39;tradiciones)! Predic&amp;aacute;banse las virtudes socr&amp;aacute;ticas porque los griegos las hab&amp;iacute;an perdido; irritables, temerosos, veleidosos, comediantes todos ellos, les sobraban algunas razones para o&amp;iacute;r la pr&amp;eacute;dica moral. La pr&amp;eacute;dica ciertamente no ser&amp;iacute;a para nada; pero &amp;iexcl;son tan dados los d&amp;eacute;cadents a las palabras y actitudes altisonantes! ...&lt;/h4&gt;&lt;h3&gt;Estar pa&amp;#39;ll&amp;aacute;. &lt;/h3&gt;&lt;h4&gt;Todos estos factores surgen de la forma de la producci&amp;oacute;n y de la mutaci&amp;oacute;n de forma impl&amp;iacute;cita en ella y que necesariamente tiene que sufrir el producto en el proceso de circulaci&amp;oacute;n. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net&quot;&gt;De putas en Barcelona&lt;/a&gt; Suponiendo que el capital variable de 100 libras semanalmente invertido produzca una plusval&amp;iacute;a del 100 por 100 = 100 libras esterlinas, el capital variable de 500 libras invertido en el per&amp;iacute;odo de rotaci&amp;oacute;n de 5 semanas producir&amp;aacute; una plusval&amp;iacute;a de 500 libras; es decir, que la mitad de la jornada de trabajo consistir&amp;aacute; en plusval&amp;iacute;a. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.es&quot;&gt;De putas en BCN&lt;/a&gt; Se comprende, pues, por s&amp;iacute; mismo, que la f&amp;oacute;rmula en que se expresa el ciclo del capital&amp;ndash;dinero: D&amp;ndash;M... P... M&amp;#39;&amp;ndash;D&amp;#39; presupone la existencia del capital en forma de capital productivo, y, por tanto, la forma del ciclo de este tipo de capital. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.com.es&quot;&gt;De putas &lt;/a&gt;Por un lado, la verdadera inversi&amp;oacute;n de fuerza de trabajo y medios de trabajo para los trabajos de reparaci&amp;oacute;n es algo fortuito, como las circunstancias mismas que hacen necesarias estas reparaciones; el volumen de las reparaciones necesarias se distribuye por partes desiguales entre los distintos per&amp;iacute;odos de vida del capital fijo. De otro lado, cuando se calcula el tiempo medio de vida del capital fijo, se parte del supuesto de que se halla contantemente en condiciones de funcionar, manteni&amp;eacute;ndose en este estado en parte mediante su limpieza (en la que se incluye tambi&amp;eacute;n la limpieza de los locales) y, en parte, mediante las reparaciones, efectuadas con la frecuencia necesaria. La transferencia de valor por el desgaste del capital fijo se calcula a base del per&amp;iacute;odo medio de vida de &amp;eacute;ste, y a su vez este per&amp;iacute;odo medio de vida se calcula partiendo del supuesto de que se desembolsa constantemente el capital adicional necesario para mantener aqu&amp;eacute;l en estado de funcionar. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbarcelona.com&quot;&gt;De putas en Barcelona&lt;/a&gt; Moral para m&amp;eacute;dicos. El enfermo es un par&amp;aacute;sito de la sociedad. En un determinado estado resulta inde&amp;shy;cente seguir con vida. Debiera sentir la sociedad un desprecio profundo por quien arrastra una existencia precaria en cobarde dependencia de m&amp;eacute;dicos y prac&amp;shy;ticantes, una vez perdido el sentido de la vida, el dere&amp;shy;cho a la vida. Los m&amp;eacute;dicos, por su parte, debieran ser los agentes de este desprecio, procurando en vez de recetas una renovada dosis de asco a su pacien&amp;shy;te... Hay que crear una responsabilidad nueva, la del m&amp;eacute;dico, para todos los casos en que el inter&amp;eacute;s supre&amp;shy;mo de la vida, de la vida ascendente, exige la repre&amp;shy;si&amp;oacute;n implacable de la vida degenerada; por ejemplo, respecto al&amp;#39; derecho a la procreaci&amp;oacute;n, al derecho de nacer, al derecho de vivir... Morir de una muerte or&amp;shy;gulIosa, cuando ya no es posible vivir una vida orgu&amp;shy;llosa. Optar por la muerte espont&amp;aacute;nea y oportuna, con&amp;shy;sumada con claridad y alegr&amp;iacute;a, rodeado de hijos y testigos, de suerte que es todav&amp;iacute;a posible una verda&amp;shy;dera despedida donde est&amp;aacute; todav&amp;iacute;a ah&amp;iacute; el que se des&amp;shy;pide, as&amp;iacute; como una verdadera apreciaci&amp;oacute;n de lo rea&amp;shy;lizado y lo intentado, un balance de la vida, en opo&amp;shy;sici&amp;oacute;n a la miserable y pavorosa farsa en que el cristianismo ha convertido la hora postrera. &amp;iexcl;No de&amp;shy;biera perdonarse jam&amp;aacute;s al cristianismo haber abusa&amp;shy;do de la debilidad del moribundo para hacer violencia a la conciencia, de la forma de la muerte para valorar al hombre y su pasado! En este punto, frente a todas las cobard&amp;iacute;as del prejuicio, corresponde establecer, ante todo, la apreciaci&amp;oacute;n correcta, esto es, fisiol&amp;oacute;gica, de la llamada muerte natural, que a su vez no es, en definitiva, sino una muerte &amp;ldquo;antinatural&amp;rdquo;, un sui&amp;shy;cidio. Nadie muere por culpa ajena, sino &amp;uacute;nicamente por culpa propia. S&amp;oacute;lo que ella es la muerte que se produce en las circunstancias m&amp;aacute;s despreciables: una muerte impuesta, a destiempo, una muerte cobarde. Por amor a la vida se debiera procurar una muerte diferente: libre, consciente, sin contingencia ni coer&amp;shy;ci&amp;oacute;n... Por &amp;uacute;ltimo, he aqu&amp;iacute; un consejo dirigido a los se&amp;ntilde;ores pesimistas y dem&amp;aacute;s d&amp;eacute;cadents. No est&amp;aacute; en nuestro poder no nacer, pero s&amp;iacute; nos es dable subsanar lo que a veces resulta efectivamente un defecto. Quien se elimina realiza algo respetable; quien hace esto, casi merece vivir... La sociedad, &amp;iexcl;qu&amp;eacute; digo!, la vida misma se beneficia con semejante gesto m&amp;aacute;s que con cualquier &amp;ldquo;vida&amp;rdquo; vivida con resignaci&amp;oacute;n, anemia y otras virtudes; se ha quitado de la vista de los de&amp;shy;m&amp;aacute;s, convirti&amp;eacute;ndose en una objeci&amp;oacute;n a la vida... El pesimismo pur, vert, s&amp;oacute;lo queda probado por la auto&amp;shy;rrefutaci&amp;oacute;n de los se&amp;ntilde;ores pesimistas; hay que avan&amp;shy;zar un paso m&amp;aacute;s en su l&amp;oacute;gica, negar la vida no s&amp;oacute;lo con &amp;ldquo;voluntad y representaci&amp;oacute;n&amp;rdquo;, como lo hizo Scho&amp;shy;penhauer, sino negando primero a Schopenhauer... El pesimismo, dicho sea de paso, a pesar de ser conta&amp;shy;gioso, no acrecienta la morbosidad de una &amp;eacute;poca, de una raza, en su conjunto; es la expresi&amp;oacute;n de la misma. Se cae en &amp;eacute;l como en el c&amp;oacute;lera, que s&amp;oacute;lo ataca al que est&amp;aacute; predispuesto. El pesimismo no aumenta el n&amp;uacute;me&amp;shy;ro de los d&amp;eacute;cadents; recu&amp;eacute;rdense tambi&amp;eacute;n las estad&amp;iacute;s&amp;shy;ticas seg&amp;uacute;n las cuales los a&amp;ntilde;os en que causa estragos el c&amp;oacute;lera no se diferencian de los otros a&amp;ntilde;os respecto al n&amp;uacute;mero total de fallecimientos. &lt;a href=&quot;http://www.girlsmadrid.com&quot;&gt;http://www.girlsmadrid.com&lt;/a&gt; La tolerancia hacia s&amp;iacute; mismo autoriza a tener varias convicciones; &amp;eacute;stas conviven pac&amp;iacute;ficamente, cuid&amp;aacute;n&amp;shy;dose mucho, como hoy en d&amp;iacute;a todo el mundo, de comprometerse. &amp;iquest;C&amp;oacute;mo se compromete uno hoy en d&amp;iacute;a? Adoptando una actitud consecuente. Avanzando imperturbable. Siendo un hombre en el que no caben, por lo menos, cinco interpretaciones diferentes. Sien&amp;shy;do-genuino... Temo mucho que algunos vicios est&amp;eacute;n condenados a extinguirse simplemente porque el hom&amp;shy;bre moderno es demasiado c&amp;oacute;modo e indolente para seguir con ellos. Todo lo malo determinado por una voluntad fuerte, y tal vez no haya nada malo sin fuerza de voluntad, degenera en virtud en nuestro tibio ambiente... Los pocos hip&amp;oacute;critas que he conoci&amp;shy;do imitaban la hipocres&amp;iacute;a; eran, como hoy en d&amp;iacute;a casi todo el mundo, comediantes. &lt;a href=&quot;http://www.girlsvalencia.com&quot;&gt;Clubs de alterne en valencia&lt;/a&gt; He aqu&amp;iacute; un principio reducido a una f&amp;oacute;rmula. Todo naturalismo en la moral, esto es, toda moral sana, se rige por un instinto vital; alg&amp;uacute;n requisito de la vida es cumplido mediante un determinado canon de &amp;ldquo;de&amp;shy;bes&amp;rdquo; y &amp;ldquo;no debes&amp;rdquo;, removi&amp;eacute;ndose as&amp;iacute; algunos obs&amp;shy;t&amp;aacute;culos del camino de la vida. A la inversa, la moral antinatural, esto es, poco menos que toda moral en&amp;shy;se&amp;ntilde;ada, exaltada y predicada hasta ahora, se vuelve precisamente contra los instintos de la vida, implica un repudio, ya solapado o abierto e insolente, de estos instintos. Diciendo &amp;ldquo;Dios mira el coraz&amp;oacute;n&amp;rdquo;, dice no a las apetencias m&amp;aacute;s bajas y m&amp;aacute;s elevadas de la vida y concibe a Dios como enemigo de la vida... El santo grato a Dios es el castrado ideal... Termina la vida donde empieza el &amp;ldquo;reino de Dios&amp;rdquo; ... &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/alterne_barcelona.htm&quot;&gt;Barcelona clubs de alterne&lt;/a&gt; Esto dispuso, en efecto, el decreto de los dioses, destinando a los hom&amp;shy;bres a perecer a fin de que hubiese un canto tambi&amp;eacute;n para generacio&amp;shy;nes posteriores. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/espana/navarra.htm&quot;&gt;Acompa&amp;ntilde;antes Navarra&lt;/a&gt; En todos los tiempos, los m&amp;aacute;s sabios han coincidido en este juicio acerca de la vida: no vale nada. Una y otra vez se les ha o&amp;iacute;do el mismo acento: un acento de duda, de melancol&amp;iacute;a, de cansancio de la vida, de resistencia a ella. Hasta S&amp;oacute;crates dijo al morir: &amp;ldquo;La vida es una larga enfermedad; debo un gallo al sal&amp;shy;vador Asclepio&amp;rdquo;. Hasta S&amp;oacute;crates estaba harto de vivir. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/espana/tarragona.htm&quot;&gt;Chicas de compa&amp;ntilde;&amp;iacute;a en Tarragona&lt;/a&gt; En el citado manuscrito &amp;quot;Contribuci&amp;oacute;n a la critica, etc.&amp;quot;, p. 253;. Marx comenta as&amp;iacute; este pasaje: &amp;quot;Para A. Smith, la plusval&amp;iacute;a, es decir, el trabajo sobrante, el remanente de trabajo invertido y materializado en la mercanc&amp;iacute;a despu&amp;eacute;s de cubrir el trabajo retribuido, cuyo equivalente es el salario, constituye por tanto la categor&amp;iacute;a general de que la ganancia propiamente dicha y la renta del suelo no son m&amp;aacute;s que modalidades.&amp;quot; &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/sexshop.htm&quot;&gt;videos porno&lt;/a&gt; El proceso de producci&amp;oacute;n finaliza en la mercanc&amp;iacute;a. El hecho de haberse invertido en su producci&amp;oacute;n fuerza de trabajo aparece ahora como una cualidad material de la mercanc&amp;iacute;a: la cualidad de poseer valor; la magnitud de este valor se mide por la magnitud del trabajo invertido en ella; a esto se reduce el valor de las mercanc&amp;iacute;as y en esto y exclusivamente en esto consiste. Si trazamos una l&amp;iacute;nea recta de una determinada magnitud, &amp;ldquo;producimos&amp;rdquo; (de un modo meramente simb&amp;oacute;lico, claro est&amp;aacute;, cosa que desde luego sabemos) en primer lugar, por la naturaleza del trazado, ejecutado con arreglo a ciertas reglas (leyes) independientes de nuestra voluntad, una l&amp;iacute;nea recta. Si dividimos esta l&amp;iacute;nea en tres segmentos (que, a su vez, pueden responder a determinado problema), cada uno de estos tres trozos seguir&amp;aacute; siendo una l&amp;iacute;nea recta, y la l&amp;iacute;nea entera de la que forman parte no se distinguir&amp;aacute; en nada, por esta divisi&amp;oacute;n, de lo que es una l&amp;iacute;nea recta, para convertirse, por ejemplo, en una curva de cualquier clase. Ni podemos tampoco dividir una l&amp;iacute;nea de una magnitud dada de tal modo, que la suma de estas partes sea mayor que la misma l&amp;iacute;nea indivisa: a su vez, la magnitud de &amp;eacute;sta no se halla tampoco determinada por las magnitudes de las l&amp;iacute;neas parciales, cualquiera que sea el modo c&amp;oacute;mo de determinen. Por el contrario, son las magnitudes relativas de &amp;eacute;stas las que se hallan circunscritas de antemano por los l&amp;iacute;mites de la l&amp;iacute;nea de que forman parte. &lt;a href=&quot;http://www.anibcn.com&quot;&gt;putas rusas&lt;/a&gt; Cuarta tesis. Separa el mundo en uno &amp;ldquo;verdadero&amp;rdquo; y otro &amp;ldquo;aparencial&amp;rdquo;, ya al modo del cristianismo o al modo de Kant (quien fue, en definitiva, un cristiano p&amp;eacute;rfido), no es sino una sugesti&amp;oacute;n de la d&amp;eacute;cadence; un s&amp;iacute;ntoma de vida descendente... El que el artista ponga la apariencia por encima de la realidad no es una objeci&amp;oacute;n contra esta tesis. Pues en este caso &amp;ldquo;la apariencia&amp;rdquo; significa la realidad otra vez, s&amp;oacute;lo que a trav&amp;eacute;s de selecci&amp;oacute;n, exaltaci&amp;oacute;n y correcci&amp;oacute;n... El ar&amp;shy;tista tr&amp;aacute;gico no es un pesimista; precisamente dice s&amp;iacute; a todo lo problem&amp;aacute;tico y pavoroso: es dionisiaco... &lt;a href=&quot;http://www.bellezacordobesa.com&quot;&gt;compa&amp;ntilde;ia intima en barcelona&lt;/a&gt;&lt;/h4&gt;&lt;h3&gt;Nunca digas Nunca jam&amp;aacute;s. &lt;/h3&gt;&lt;h4&gt;Confieso que siento, al escribir estas l&amp;iacute;neas, un poco de verg&amp;uuml;enza. Pase el que la literatura inglesa anticapitalista de las d&amp;eacute;cadas del veinte y del treinta sea tan absolutamente ignorada en Alemania, a pesar de que ya en la Mis&amp;eacute;re de la Philosophie, Marx alude directamente a ella y de que en el primer tomo de El Capital cita repetidas veces algunas de estas publicaciones: el folleto de 1821, a Ravenstone, a Hodgskin, etc. Pero el hecho de que no s&amp;oacute;lo el literatus vulgaris que se agarra desesperadamente a los faldones de la levita de Rodbertus, ese literato &amp;quot;que no ha aprendido realmente nada&amp;quot;, sino incluso el profesor de oficio que &amp;quot;se jacta de erudici&amp;oacute;n&amp;quot; haya olvidado su econom&amp;iacute;a cl&amp;aacute;sica hasta el punto de poder acusar seriamente a Marx de copiar de Rodbertus, cosas que pueden leerse ya en A. Smith y en Ricardo, demuestra cu&amp;aacute;n bajo ha ca&amp;iacute;do hoy, en Alemania, la econom&amp;iacute;a oficial. &lt;a href=&quot;http://www.deliciasbcn.com&quot;&gt;masajes barcelona&lt;/a&gt; A Adam Smith no le queda, pues, m&amp;aacute;s camino para definir el capital fijo que considerarlo como los medios de trabajo que no cambian de forma en el proceso de producci&amp;oacute;n y siguen funcionando en &amp;eacute;sta hasta su desgaste total, frente a los productos que contribuyen a crear. Se olvida que todos los elementos del capital productivo se enfrentan en su forma natural (como medios de trabajo, materiales y fuerza de trabajo) al producto elaborado y al que circula como mercanc&amp;iacute;a, y que la diferencia entre la parte formada por los materiales y la fuerza de trabajo y la formada por los medios de trabajo s&amp;oacute;lo consiste, en lo que a la fuerza de trabajo se refiere, en que &amp;eacute;sta se compra de nuevo constantemente (y no por todo el tiempo de su duraci&amp;oacute;n, como los medios de trabajo); y en lo que se refiere a los materiales, en que no son los mismos, id&amp;eacute;nticos, los que funcionan en el proceso de trabajo, sitio ejemplares constante&amp;shy;mente nuevos de la misma clase. Y al mismo tiempo, se provoca con esto la falsa apariencia de que el valor del capital fijo no circula tambi&amp;eacute;n, a pesar de que A. Smith hab&amp;iacute;a expuesto antes, natural&amp;shy;mente, el desgaste del capital fijo como parte del precio del producto. &lt;a href=&quot;http://www.deliciasbcn.com&quot;&gt;www.deliciasbcn.com&lt;/a&gt; 1) La rotaci&amp;oacute;n global del capital desembolsado es la rotaci&amp;oacute;n media de las diversas partes que lo integran; el modo de calcularla se expone m&amp;aacute;s abajo. Nada m&amp;aacute;s f&amp;aacute;cil que establecer la media, natu&amp;shy;ralmente, cuando las diferencias s&amp;oacute;lo afectan a los per&amp;iacute;odos de tiempo: sin embargo, &lt;a href=&quot;http://www.escortbarcelona.com.es&quot;&gt;callgirl barcelona&lt;/a&gt; un preso &lt;a href=&quot;http://www.escortbarcelona.com.es&quot;&gt;escort independiente en Barcelona&lt;/a&gt; Si analizamos el proceso de producci&amp;oacute;n desde el punto de vista del proceso de trabajo, veremos que el obrero no se comporta respecto a los medios de producci&amp;oacute;n como capital, sino como simple medio y material para su actividad productiva &amp;uacute;til. En una tener&amp;iacute;a, por ejemplo, el obrero curtidor trata las pieles simplemente como el objeto sobre que versa su trabajo. No curte las pieles para el capitalista. La cosa cambia en cuanto enfocamos el proceso de producci&amp;oacute;n desde el punto de vista del proceso de valorizaci&amp;oacute;n. Los medios de producci&amp;oacute;n se transforman inmediatamente en medios destinados a absorber trabajo ajeno. Ya no es el obrero el que emplea los medios de producci&amp;oacute;n, sino que son &amp;eacute;stos los que emplean al obrero. En vez de ser devorados por &amp;eacute;l como elementos materiales de su actividad productiva, son ellos los que lo devoran como fermento de su proceso de vida, y el proceso de vida del capital se reduce a su din&amp;aacute;mica de valor que se valoriza a s&amp;iacute; mismo. Un horno de fundici&amp;oacute;n o el edificio de una f&amp;aacute;brica que por la noche descansen y no absorban trabajo vivo, representan para el capitalista una &amp;quot;pura p&amp;eacute;rdida&amp;quot;(mere loss.) De aqu&amp;iacute; que la posesi&amp;oacute;n de hornos de fundici&amp;oacute;n y de edificios fabriles d&amp;eacute; a su poseedor t&amp;iacute;tulos para &amp;quot;exigir&amp;quot; de las fuerzas de trabajo la prestaci&amp;oacute;n de &amp;quot;trabajo nocturno&amp;quot;. La simple transformaci&amp;oacute;n del dinero en factores materiales del proceso de producci&amp;oacute;n, en medios de producci&amp;oacute;n, transforma a &amp;eacute;stos en t&amp;iacute;tulos jur&amp;iacute;dicos y en t&amp;iacute;tulos de fuerza que dan a quien los posee derecho a reclamar de los dem&amp;aacute;s trabajo y plusval&amp;iacute;a. Veamos por el siguiente ejemplo c&amp;oacute;mo se refleja en la conciencia de los cerebros capitalistas esta inversi&amp;oacute;n, que m&amp;aacute;s que inversi&amp;oacute;n es un verdadero caso de locura, caracter&amp;iacute;stica y peculiar de la producci&amp;oacute;n capitalista, de las relaciones entre el trabajo muerto y el trabajo vivo, entre el valor y la fuerza creadora de valor. Durante la revuelta de los fabricantes ingleses, que dur&amp;oacute; desde 1848 a 1850 &amp;quot;el jefe de la f&amp;aacute;brica de hilados de lienzo y algod&amp;oacute;n de Paysley, una de las casas m&amp;aacute;s antiguas y respetadas del oeste de Escoc&amp;iacute;a, la compa&amp;ntilde;&amp;iacute;a Carlile, Hijos &amp;amp; Co., fundada en 1752 y regida de generaci&amp;oacute;n en generaci&amp;oacute;n por la misma familia&amp;quot;; este industrial, que era, como se ver&amp;aacute;, un gentleman extraordinariamente inteligente, public&amp;oacute; en el Glasgow Daily Mail de 25 de abril de 1849 una carta7 bajo el titulo de &amp;quot;El sistema de relevos&amp;quot;, en la que se desliza, entre otros, el siguiente pasaje, de una grotesca simplicidad: &amp;quot;Examinemos ahora los perjuicios que acarrear&amp;iacute;a una reducci&amp;oacute;n de la jornada de trabajo de 12 horas a 10. . . Estos perjuicios &amp;#39;se remontan&amp;#39; a los m&amp;aacute;s serios quebrantos en cuanto al porvenir y a la propiedad de los fabricantes. S&amp;iacute; trabajaba [quiere decir sus obreros] 12 horas y se ve reducido a 10, cada 12 m&amp;aacute;quinas o husos de su f&amp;aacute;brica se ver&amp;aacute;n convertidos en 10 (then every 12 machines or spinles, in his establishment, shrink to 10&amp;#39;), y si quisiera vender la f&amp;aacute;brica s&amp;oacute;lo se la tasar&amp;iacute;an por 10, con lo cual se sustraer&amp;iacute;a a todo el pa&amp;iacute;s una sexta parte del valor de cada f&amp;aacute;brica.&amp;quot;8 &lt;a href=&quot;http://www.escortmadrid.com.es&quot;&gt;escort Madrid&lt;/a&gt; Pero es evidente que la acumulaci&amp;oacute;n, o sea, el incremento paulatino del capital mediante la reproducci&amp;oacute;n, que abandona su forma circular para desarrollarse en espiral, es un proceso harto lento, comparado con la centralizaci&amp;oacute;n, a la que le basta con modificar la agrupaci&amp;oacute;n meramente cuantitativa de las partes que integran el capital social. A&amp;uacute;n no existir&amp;iacute;an ferrocarriles si para ello hubiera habido que aguardar a que la acumulaci&amp;oacute;n permitiese a unos cuantos capitalistas individuales acometer la construcci&amp;oacute;n de v&amp;iacute;as f&amp;eacute;rreas. La centralizaci&amp;oacute;n lo consigui&amp;oacute; en un abrir y cerrar de ojos, gracias a las sociedades an&amp;oacute;nimas. De este modo, adem&amp;aacute;s de reforzar y acelerar los efectos de la acumulaci&amp;oacute;n, la concentraci&amp;oacute;n amplia y acelera al mismo tiempo las transformaciones operadas en la composici&amp;oacute;n t&amp;eacute;cnica del capital, permitiendo aumentar el capital constante a costa del variable y reduciendo, como es l&amp;oacute;gico, la demanda relativa de trabajo. &lt;a href=&quot;http://www.girlsmarbella.com&quot;&gt;callgirls marbella&lt;/a&gt; Lo que en la expresi&amp;oacute;n de valor de lienzo permite a la levita asumir el papel de su igual cualitativo, de objeto de id&amp;eacute;ntica natu&amp;shy;raleza, es el ser un valor. La levita tiene, pues, para estos efectos, la consideraci&amp;oacute;n de objeto en que toma cuerpo el valor, de objeto que representa el valor en su forma natural y tangible. Pero advi&amp;eacute;r&amp;shy;tase que la levita, la materialidad de la mercanc&amp;iacute;a levita, es un simple valor de uso. Realmente, una levita es un objeto tan poco apto para expresar valor como cualquier pieza de lienzo. Lo cual prueba que, situada en la relaci&amp;oacute;n o raz&amp;oacute;n de valor con el lienzo, la levita adquiere una importancia que tiene fuera de ella, del mismo modo que ciertas personas ganan en categor&amp;iacute;a al embutirse en una levita galoneada.&lt;/h4&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;h4&gt;La ley seg&amp;uacute;n la cual, gracias a los progresos hechos por la productividad del trabajo social, puede ponerse en movimiento una masa cada vez mayor de medios de producci&amp;oacute;n con un desgaste cada vez menor de fuerza humana es una ley que, dentro del r&amp;eacute;gimen capitalista, en que los obreros no emplean los instrumentos de trabajo, sino que son &amp;eacute;stos los que emplean a los obreros, se trueca en esta otra: la de que cuanto mayor es la fuerza productiva del trabajo y mayor, por tanto, la presi&amp;oacute;n ejercida por el obrero sobre los instrumentos que maneja, m&amp;aacute;s precaria es su condici&amp;oacute;n de vida: la venta de la propia fuerza para incrementar la riqueza de otro o alimentar el incremento del capital. Es decir, que el r&amp;aacute;pido desarrollo de los medios de producci&amp;oacute;n y de la productividad del trabajo, as&amp;iacute; como de la poblaci&amp;oacute;n productiva, se trueca, capitalistamente, en lo contrario: en que la poblaci&amp;oacute;n obrera crece siempre m&amp;aacute;s r&amp;aacute;pidamente que la necesidad de explotaci&amp;oacute;n del capital. &lt;a href=&quot;http://www.raquelmimosa.com&quot;&gt;girlsbcn&lt;/a&gt; 149 En una proclama lanzada a las &amp;quot;Trade Societies of England&amp;quot; por los obreros a quienes un &amp;quot;lock out&amp;quot; de los fabricantes de zapatos de Leicester hab&amp;iacute;a dejado sin trabajo, leemos: &amp;quot;Desde hace unos veinte a&amp;ntilde;os, el ramo de zapater&amp;iacute;a de Leicester se vio revolucionado por la implantaci&amp;oacute;n de los remaches en vez del cosido. Antes, pod&amp;iacute;an conseguirse en estas f&amp;aacute;bricas buenos jornales. La industria de zapater&amp;iacute;a fue tomando grandes vuelos. Se entabl&amp;oacute; una gran competencia entre las diversas f&amp;aacute;bricas sobre cu&amp;aacute;l pod&amp;iacute;a suministrar los art&amp;iacute;culos de m&amp;aacute;s gusto. Hasta que, enseguida, surgi&amp;oacute; una clase peor de competencia, la que tend&amp;iacute;a a eliminar a los otros del mercado vendiendo m&amp;aacute;s barato (undersell). Las consecuencias funestas de esta conducta no tardaron en revelarse en la baja de los jornales, y el descenso del precio del trabajo fue tan repentino, que hoy muchas f&amp;aacute;bricas no pagan a sus obreros m&amp;aacute;s que la mitad de los salarios primitivos. Y mientras que los jornales siguen bajando, las ganancias parecen aumentar con cada nuevo cambio introducido en la tarifa del trabajo.&amp;quot; Los fabricantes se aprovechan de los per&amp;iacute;odos industriales m&amp;aacute;s desfavorables para conseguir ganancias extraordinarias mediante una rebaja a fondo de los salarios, es decir, mediante un robo manifiesto contra el obrero, a quien se le despoja de los medios m&amp;aacute;s elementales de vida. He aqu&amp;iacute; un ejemplo: se trata de la crisis del ramo textil de sedas de Coventry: &amp;quot;Seg&amp;uacute;n los datos recogidos de fabricantes y de obreros, resulta inequ&amp;iacute;vocamente que se han rebajado los jornales en una proporci&amp;oacute;n mayor de lo que exig&amp;iacute;an la competencia de los productores extranjeros u otras circunstancias. La mayor&amp;iacute;a de los tejedores trabaja en la actualidad con salarios reducidos en un 30 a un 40 por 100. Una pieza de cinta que hace cinco a&amp;ntilde;os le val&amp;iacute;a al tejedor 6 a 7 chelines, s&amp;oacute;lo le rinde ahora 3 chelines y 3 peniques o 3 chelines y 6 peniques; otros trabajos que antes se le pagaban a 4 chelines y a 4 chelines y 3 peniques, est&amp;aacute;n tasados ahora en 2 chelines o 2 chelines y 3 peniques solamente. La rebaja de jornales es mayor de lo que exige la necesidad de espolear la demanda. En realidad, en muchas clases de art&amp;iacute;culos la rebaja de jornales no ha ido siquiera acompa&amp;ntilde;ada de una rebaja grande ni peque&amp;ntilde;a de los precios. (Informe del Comisario F. D. Longe, en Child. Emp. Comm., v. Rep. 1866, p. 114, n. l.) &lt;a href=&quot;http://www.sofiabcn.com&quot;&gt;chicas compa&amp;ntilde;&amp;iacute;a Barcelona&lt;/a&gt; Este resultado se impone como inevitable tan pronto como la fuerza de trabajo es vendida libremente por el propio obrero como una mercanc&amp;iacute;a. Pero &amp;eacute;ste es tambi&amp;eacute;n el momento a partir del cual la producci&amp;oacute;n de mercanc&amp;iacute;as se generaliza y convierte en forma t&amp;iacute;pica de producci&amp;oacute;n; es a partir de entonces cuando todos los art&amp;iacute;culos se producen desde el primer momento para el mercado, y cuando toda la riqueza producida discurre por los cauces de la circulaci&amp;oacute;n. S&amp;oacute;lo all&amp;iacute; donde tiene por base el trabajo asalariado se impone la producci&amp;oacute;n de mercanc&amp;iacute;as a toda la sociedad, y s&amp;oacute;lo all&amp;iacute; desarrolla todas sus potencias ocultas. Decir que la interposici&amp;oacute;n del trabajo asalariado falsea la producci&amp;oacute;n de mercanc&amp;iacute;as. equivale a decir que la producci&amp;oacute;n de mercanc&amp;iacute;as no debe desarrollarse si no quiere verse falseada. Al paso que esta producci&amp;oacute;n se desarrolla, obedeciendo a sus propias leyes inmanentes, para convertirse en producci&amp;oacute;n capitalista, las leyes de la propiedad inherentes a la producci&amp;oacute;n de mercanc&amp;iacute;as se truecan en las leyes de apropiaci&amp;oacute;n del capitalismo.7 &lt;a href=&quot;http://www.academialloret.com&quot;&gt;Escola lloret&lt;/a&gt; En el presente cap&amp;iacute;tulo suponemos, como ha venido haci&amp;eacute;ndose hasta aqu&amp;iacute;, que el valor de la fuerza de trabajo, o sea, la parte de la jornada de trabajo necesaria para la reproducci&amp;oacute;n o conservaci&amp;oacute;n de la fuerza de trabajo, es una magnitud dada, una magnitud constante. &lt;a href=&quot;http://www.grafsalas.com&quot;&gt;tarjetones de boda&lt;/a&gt; El capitalista compra la fuerza de trabajo por su valor diario. Le pertenece, pues, su valor de uso durante una jornada, y con &amp;eacute;l, el derecho a hacer trabajar al obrero a su servicio durante un d&amp;iacute;a. Pero, &amp;iquest;qu&amp;eacute; se entiende por un d&amp;iacute;a de trabajo?2 Menos, desde luego, de un d&amp;iacute;a natural. &amp;iquest;C&amp;oacute;mo cu&amp;aacute;nto menos? El capitalista tiene sus ideas propias en punto a esta &amp;uacute;ltima Thule, a esta frontera necesaria de la jornada de trabajo. Como capitalista, &amp;eacute;l no es m&amp;aacute;s que el capital personificado. Su alma es el alma del capital. Y el capital no tiene m&amp;aacute;s que un instinto vital: el instinto de acrecentarse, de crear plusval&amp;iacute;a, de absorber con su parte constante, los medios de producci&amp;oacute;n, la mayor masa posible de trabajo excedente.3 El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, m&amp;aacute;s que chupando trabajo vivo, y que vive m&amp;aacute;s cuanto m&amp;aacute;s trabajo vivo chupa. El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el que el capitalista consume la fuerza de trabajo que compr&amp;oacute;.4 Y el obrero que emplea para s&amp;iacute; su tiempo disponible roba al capital&amp;iacute;sta.5 &lt;a href=&quot;http://www.nightspain.com&quot;&gt;acompa&amp;ntilde;antes en espa&amp;ntilde;a&lt;/a&gt; Considerada en abstracto, es decir, dejando a un lado todos los hechos que no se derivan de las leyes inmanentes de la circulaci&amp;oacute;n simple de mercanc&amp;iacute;as, en &amp;eacute;sta s&amp;oacute;lo se opera, aparte de la sustituci&amp;oacute;n de un valor de uso por otro, una metamorfosis, un simple cambio de forma de la mercanc&amp;iacute;a. En manos del poseedor de mercanc&amp;iacute;as persiste el mismo valor, es decir, la misma cantidad de trabajo social materializado primero en forma de su propia mercanc&amp;iacute;a, luego bajo la forma de dinero en que &amp;eacute;sta se convierte, y por &amp;uacute;ltimo bajo la forma de la mercanc&amp;iacute;a en que ese dinero vuelve a invertirse. Pero este cambio de forma no envuelve cambio alguno, en lo que a la magnitud de valor se refiere. Por su parte el cambio que experimenta en este proceso el valor de la mercanc&amp;iacute;a se reduce a un cambio de su forma dinero. Esta, que al principio s&amp;oacute;lo exist&amp;iacute;a en cuanto precio de la mercanc&amp;iacute;a puesta en venta, existe luego como suma de dinero, aunque ya expresada antes en el precio de la mercanc&amp;iacute;a, y, por &amp;uacute;ltimo, como el precio de una mercanc&amp;iacute;a equivalente. De suyo, este cambio de forma no entra&amp;ntilde;a ni el m&amp;aacute;s leve cambio en punto a la magnitud del valor, del mismo modo que un billete de cinco libras no aumenta ni disminuye de valor en lo m&amp;aacute;s m&amp;iacute;nimo al cambiarse por soberanos, medios soberanos y chelines. Por tanto, si la circulaci&amp;oacute;n de la mercanc&amp;iacute;a s&amp;oacute;lo se traduce en un cambio de forma de su valor, su funci&amp;oacute;n se reduce, suponiendo que el fen&amp;oacute;&amp;shy;meno se desarrolle en toda su pureza, a operar un simple cambio de equivalentes. La propia econom&amp;iacute;a vulgar, con no sospechar siquiera lo que es el valor, siempre que quiere, a su modo, inves&amp;shy;tigar el fen&amp;oacute;meno en toda su pureza, parte del supuesto de que la demanda y la oferta se equilibran, cesando por tanto, en abso&amp;shy;luto, sus efectos. Por consiguiente, s&amp;iacute; con relaci&amp;oacute;n al valor de uso ambas partes contratantes pueden salir ganando, es imposible que respecto al valor de cambio ganen las dos. Aqu&amp;iacute; rige otra norma: &amp;ldquo;Donde hay equivalencia, no puede haber lucro.&amp;rdquo;19 Cabe, indudablemente, que las mercanc&amp;iacute;as se vendan por un precio diver&amp;shy;gente de su valor, pero esta divergencia no es m&amp;aacute;s que una trans&amp;shy;gresi&amp;oacute;n de la ley del cambio de mercancias.20 En su forma pura, el cambio de mercanc&amp;iacute;as es siempre un cambio de equivalentes y, por tanto, no da pie para lucrarse obteniendo m&amp;aacute;s valor.21 &lt;a href=&quot;http://www.nightspain.com&quot;&gt;guia ocio valencia&lt;/a&gt; Antes de pasar a los verdaderos obreros agr&amp;iacute;colas, vamos a ver, a la luz de un ejemplo, c&amp;oacute;mo act&amp;uacute;an las crisis incluso sobre el sector mejor retribuido de la clase obrera, sobre su aristocracia. Se recordar&amp;aacute; que el a&amp;ntilde;o 1857 trajo consigo una de esas grandes crisis con que se cierra siempre el ciclo industrial. El plazo siguiente venci&amp;oacute; en 1866. Ya descontada en los verdaderos distritos fabriles por la crisis algodonera, que vino a lanzar a las grandes sedes centrales del mercado de dinero mucho capital, arroj&amp;aacute;ndolo de su &amp;oacute;rbita habitual de inversi&amp;oacute;n, la crisis cobr&amp;oacute; esta vez un car&amp;aacute;cter predominantemente financiero. Su explosi&amp;oacute;n, en mayo de 1866, fue se&amp;ntilde;alada por la bancarrota de un gigantesco banco londinense, que inmediatamente desencaden&amp;oacute; la quiebra de innumerables sociedades financieras de especulaci&amp;oacute;n. Una de las grandes ramas industriales de Londres afectadas por la cat&amp;aacute;strofe fue la de la construcci&amp;oacute;n de buques de hierro. Durante la &amp;eacute;poca de las grandes especulaciones, los magnates de esta industria, no s&amp;oacute;lo hab&amp;iacute;an rebasado desmedidamente los l&amp;iacute;mites de su producci&amp;oacute;n, sino que adem&amp;aacute;s hab&amp;iacute;an firmado numerosos contratos de suministro, contando con que las fuentes del cr&amp;eacute;dito iban a seguir manando con la misma abundancia. Y sobrevino la tremenda reacci&amp;oacute;n, que todav&amp;iacute;a hoy, a fines de marzo de 1867, dura en otras industrias de Londres.72 Para caracterizar la situaci&amp;oacute;n de los obreros, reproduciremos el siguiente pasaje, tomado de una extensa informaci&amp;oacute;n de un corresponsal del Morning Star, que visit&amp;oacute; a comienzos de 1867 los centros principales de la miseria. &amp;ldquo;En el este de Londres, en los distritos de Poplar, Millwall, Greenwich, Deptford, Limehouse y Canning Town viven en la m&amp;aacute;s extrema miseria no menos de 15,000 obreros, con sus familias; de ellos, m&amp;aacute;s de 3,000 son mec&amp;aacute;nicos diestros. Sus fondos de reserva est&amp;aacute;n agotados por seis y ocho meses sin trabajo... Me cost&amp;oacute; gran esfuerzo llegar hasta la puerta del asilo (de Poplar), ante la que se agolpaba un tropel de hombres abatidos por el hambre. Iban a pedir bonos de pan, pero todav&amp;iacute;a no era la hora del reparto. El patio del asilo forma un gran rect&amp;aacute;ngulo, con un tejadillo que corre a lo largo de los muros. Una espesa capa de nieve cubr&amp;iacute;a las baldosas del centro del patio. Cerrados con empalizadas, como rediles, ve&amp;iacute;anse ciertos espacios reducidos, en que los asilados trabajan cuando hace buen tiempo. El d&amp;iacute;a en que yo visit&amp;eacute; el asilo, estos rediles estaban tan nevados, que nadie pod&amp;iacute;a permanecer en ellos. No obstante, los asilados no perd&amp;iacute;an el tiempo: protegidos por los tejadillos, se ocupaban en macadamizar adoquines. Sentados en adoquines de gran tama&amp;ntilde;o, golpeaban con unos martillos pesados el granito cubierto de hielo, hasta picar 5 bushels de piedra. En esto consist&amp;iacute;a su faena diaria, por la que cada asilado recib&amp;iacute;a 3 peniques y un bono para pan. En el otro extremo del patio se alzaba una raquitica barraca de madera. Al abrir la puerta, vimos que estaba abarrotada de hombres, todos apretujados para calentarse. Se ocupaban en deshilachar cuerdas de barco y apostaban a qui&amp;eacute;n era capaz de trabajar m&amp;aacute;s comiendo menos, pues la resistencia era su point d&amp;#39;honneur. (131) Solamente en este asilo se daba socorro a 7,000 hombres, entre los cuales hab&amp;iacute;a muchos cientos de obreros que seis u ocho meses antes ganaban, como obreros calificados, los salarios m&amp;aacute;s altos que se pagaban en el pa&amp;iacute;s. Y la cifra ser&amp;iacute;a doble de grande, si no hubiese muchos que, despu&amp;eacute;s de agotar todas sus reservas de dinero, se resisten a implorar el socorro parroquial, mientros tengan todav&amp;iacute;a algo que llevar a la casa de empe&amp;ntilde;os... Saliendo del asilo, di una vuelta por las calles, formadas en su mayor&amp;iacute;a por esas casas de un piso que tanto abundan en Poplar. Mi acompa&amp;ntilde;ante era vocal del Comit&amp;eacute; de ayuda a los parados. En la primera casa en que entramos viv&amp;iacute;a un cerrajero que llevaba 27 semanas sin trabajar. Le encontramos sentado con toda su familia en un cuarto interior. En la habitaci&amp;oacute;n quedaban todav&amp;iacute;a algunos muebles y en la chimenea ard&amp;iacute;an unos troncos. Gracias a esto, no se les helaban los pies descalzos a los ni&amp;ntilde;os, pues hac&amp;iacute;a un fr&amp;iacute;o espantoso. En un plato, enfrente del fuego, se ve&amp;iacute;a un pedazo de estopa que la mujer y los ni&amp;ntilde;os deshilachaban para ganarse el pan del socorro. El marido trabajaba en uno de los patios que hemos descrito m&amp;aacute;s arriba, por un bono de pan y 3 peniques diarios. Regresaba ahora a su casa para tomar un bocado, a guisa de la comida de mediod&amp;iacute;a, con mucha hambre, seg&amp;uacute;n nos dijo sonriendo amargamente, y su yantar consist&amp;iacute;a en unas cuantas rebanadas de pan con grasa y una taza de t&amp;eacute; sin leche... Nos abri&amp;oacute; la siguiente puerta a que llamamos una mujer de edad mediana, quien, sin decir palabra, nos llev&amp;oacute; a un cuarto interior, donde estaba sentada toda la familia, en silencio, con la vista clavada en un fuego que se extingu&amp;iacute;a por momentos. Era tal la desolaci&amp;oacute;n, la desesperaci&amp;oacute;n que flotaba en torno a aquellas pobres gentes y en su cuartucho, que no me gustar&amp;iacute;a volver a presenciar en mi vida una escena semejante. &amp;ldquo;No ganan nada, se&amp;ntilde;or &amp;ndash;dijo la mujer, apuntando para sus hijos&amp;ndash;, llevan veintis&amp;eacute;is semanas sin ganar nada, y todo nuestro dinero se lo llev&amp;oacute; la trampa, todo aquel dinero que el padre y yo hab&amp;iacute;amos ido juntando en tiempos mejores, con la ilusi&amp;oacute;n de tener un pedazo de pan que comer si los negocios ven&amp;iacute;an malos. &amp;iexcl;Mire usted!, grit&amp;oacute; con una voz casi salvaje, sacando una libreta de la Caja de Ahorros, con todos sus asientos del dinero ingresado y retirado, para que pudi&amp;eacute;semos ver c&amp;oacute;mo sus peque&amp;ntilde;os ahorros hab&amp;iacute;an comenzado por una primera entrega de cinco chelines, c&amp;oacute;mo poco a poco hab&amp;iacute;an ido reuniendo hasta 20 libras esterlinas, y c&amp;oacute;mo despu&amp;eacute;s se hab&amp;iacute;a desmoronado todo, primero las libras y luego los chelines, hasta llegar al &amp;uacute;ltimo asiento, con el que aquella libreta quedaba convertida en un pedazo de papel sin valor alguno. El asilo socorr&amp;iacute;a a esa familia con una m&amp;iacute;sera comida diaria... La visita siguiente fue para la mujer de un irland&amp;eacute;s que hab&amp;iacute;a trabajado en los astilleros. La encontramos enferma por falta de alimento, tirada, sin desnudarse, encima de un jerg&amp;oacute;n, apenas cubierta con un pedazo de alfombra, pues la ropa de cama hab&amp;iacute;a emigrado toda a la casa de empe&amp;ntilde;os. La cuidaban unos ni&amp;ntilde;os llenos de miseria, que m&amp;aacute;s bien parec&amp;iacute;an necesitar ellos los cuidados de la madre. Diecinueve semanas de ociosidad forzosa la hab&amp;iacute;an tra&amp;iacute;do a aquel extremo de penuria, y, mientras nos relataba la historia de su amargo pasado, gem&amp;iacute;a corno si hubiese perdido ya toda esperanza en un porvenir mejor... Cuando sal&amp;iacute;amos de aquel cuarto, vimos venir corriendo hac&amp;iacute;a nosotros a un hombre joven, quien nos suplic&amp;oacute; que entr&amp;aacute;semos en su casa y vi&amp;eacute;semos si pod&amp;iacute;amos hacer algo por &amp;eacute;l. Una mujer joven, dos ni&amp;ntilde;os hermosos, un pu&amp;ntilde;ado de papeletas de empe&amp;ntilde;o y una habitaci&amp;oacute;n desolada fue todo lo que pudo ense&amp;ntilde;arnos.&amp;rdquo; &lt;a href=&quot;http://www.wmailbox.com&quot;&gt;http://www.wmailbox.com&lt;/a&gt; 20 The Industry of Nations, Londres, 1855, parte II. p. 239: En esta misma obra, se dice: &amp;quot;Por muy simple e insignificante que a primera vista parezca este mecanismo accesorio del torno, no creemos exagerar si afirmamos que ha tenido en el mejoramiento y difusi&amp;oacute;n del empleo de maquinaria una influencia tan grande como las reformas de Watt en el empleo de la m&amp;aacute;quina de vapor. Su implantaci&amp;oacute;n determin&amp;oacute; inmediatamente el mejoramiento y abaratamiento de toda la maquinaria, haciendo posible toda una serie de inventos y reformas.&amp;quot; &lt;/h4&gt;&lt;br/&gt;
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         <pubDate>Wed, 16 Apr 2008 06:27:33 -0300</pubDate>
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